Por Enrique Pato, profesor de la Universidad de Montreal
Tal y como define el Diccionario de la lengua española (RAE), el término hispanismo hace referencia a la ‘dedicación al estudio de las lenguas, literaturas o cultura[s] hispánicas’. Este campo abarca un conjunto amplio de disciplinas y enfoques teóricos, ya que no se limita al análisis de la lengua española, sino que incluye el estudio de todas las manifestaciones culturales producidas en el ámbito hispánico, desde la literatura hasta las tradiciones, pasando por el arte, el cine, la historia y las dinámicas sociales (costumbres, hábitos y creencias) de los países hispanohablantes.
En un sentido más específico, el hispanismo está ligado al trabajo de profesores e investigadores que, dentro o fuera de los 21 países hispanos, se han especializado en este patrimonio lingüístico y cultural. Desde el punto de vista académico, ha dado lugar a la creación de programas universitarios, asociaciones internacionales, congresos y publicaciones que buscan difundir y profundizar en la riqueza de la lengua española y sus literaturas, así como en la diversidad de identidades que conforman la Cultura del mundo hispánico.
Afortunadamente, el hispanismo no es un fenómeno estático, sino dinámico. Se ha transformado a lo largo del tiempo, adaptándose a los contextos históricos, políticos y sociales de cada época y área. En la actualidad, cobra un papel decisivo en la difusión del español como lengua internacional (lengua que cuenta con más de 600 millones de hablantes) y en el fortalecimiento de los lazos interculturales, ya que se proyecta como un puente de unión entre el mundo hispanohablante y las demás tradiciones culturales.
Asociaciones de hispanistas las hay en casi todo el mundo. En Alemania, Polonia, República Checa, Suiza, Serbia, Portugal, Italia, Grecia, Rusia, Ucrania, Marruecos, Israel, Egipto, Camerún, Ghana, Brasil, Japón, Corea, etc. La Association of Hispanists of Great Britain and Ireland (AHGBI, https://hispanists.org.uk) y la Société Française des Hispanistes et Ibéro-américanistes (SoFHIA, https://hispanistes.fr/) son dos de las más antiguas y (re)conocidas. En 1962 se fundó la Asociación Internacional de Hispanistas (AIH, https://asociacioninternacionaldehispanistas.org/) para “fomentar el intercambio de ideas, métodos y enfoques en los estudios hispánicos”.
Canadá cuenta también con su propia asociación: la Asociación Canadiense de Hispanistas (ACH, https://www.hispanistas.ca/), creada en 1964 para “fomentar los estudios hispánicos en Canadá y contribuir a la labor profesional de sus miembros”. Sin embargo, hay algo que está fallando en este país. ¿Cómo es posible que el español se haya convertido en la tercera lengua más hablada en Canadá (véase el último censo publicado por Statistique Canada) y que, al mismo tiempo, la presentación y representación del hispanismo sean tan escasas y limitadas?
En los Estatutos de la ACH, en su Artículo 13.3, se estipula lo siguiente: “La publicación oficial de la Asociación será la Revista Canadiense de Estudios Hispánicos. La administración y dirección de la Revista se regirá según las normas del contrato suscrito por la Asociación para la publicación de la misma según las normas editoriales aprobadas por la Asamblea General. La Junta Directiva, con la aprobación de la Asamblea, procederá, cada 4 años, a la renovación de dicho contrato. Cualquier revisión de fondo que la Junta Directiva proponga para la renovación del contrato se someterá a voto, que se efectuará según las normas establecidas para la votación de asuntos de esta naturaleza”. Sobre el papel, parece que todo queda claro y que las cosas marchan bien.
La Revista Canadiense de Estudios Hispánicos (RCEH), cuyo primer director fue el profesor Mario Valdés, público su primer número en 1976. Hoy en día es un Open Journal con ISSN 2564-1662 (internet), y está alojada en el servidor de revistas de la Universidad de Ottawa: https://uottawa.scholarsportal.info/ojs/index.php/rceh/index
Cuenta (en septiembre de 2025) con un equipo editorial compuesto por una directora, una directora adjunta, dos directores de reseñas, un consejo editorial y un consejo asesor. Además, la dirección tuvo, al menos, ocho asistentes editoriales y administrativos entre 2018 y 2025. Recordemos, siguiendo el Directory of Open Access Journals y el Public Knowledge Project, qué debe hacer cada una de estas instancias en el seno de una revista académica seria y de prestigio.
La directora o director de la revista es la máxima autoridad editorial, define la política editorial y la orientación temática de la revista; coordina al equipo editorial (consejo editorial, revisores, correctores, técnicos); toma las decisiones finales sobre la aceptación o rechazo de manuscritos, basándose siempre en las evaluaciones recibidas; representa a la revista ante instituciones, redes académicas y bases de datos; vela por la calidad científica, ética y técnica de la publicación; y asegura la regularidad en la periodicidad y la distribución de la misma.
Por su parte, la directora o director adjunto es la mano derecha de la dirección, apoya en la gestión de la revista (comunicación con autores, evaluadores, editores); sustituye a la directora en caso de ausencia; supervisa tareas específicas (coordinación de la plataforma digital, control de plazos de revisión, seguimiento de métricas); y puede gestionar la parte operativa para que la dirección pueda concentrarse en la visión general y en las relaciones institucionales.
El consejo asesor (o comité científico asesor) es un grupo de expertos que da respaldo académico a la revista, aportando prestigio e internacionalización, ya que su presencia en el comité eleva la credibilidad de la publicación; puede asesorar en temas estratégicos (nuevas líneas de investigación, posicionamiento de la revista, indexación); sugerir revisores especializados y promover la revista en sus redes académicas; así como evaluar, en ocasiones, manuscritos de alta relevancia o casos complejos. En suma, su rol es crucial para la proyección y legitimidad académicas.
El consejo editorial, por último, también es un órgano clave para garantizar la calidad, la coherencia y la proyección de una publicación. Sus funciones pueden variar según la revista, pero en general se ocupa en ayudar a definir la línea editorial, estableciendo los objetivos, el enfoque temático y el público al que se dirige; garantiza la calidad académica de los trabajos recibidos, ayudando en el proceso de revisión por pares (peer review); asegura que los criterios de evaluación son rigurosos, transparentes y justos; toma decisiones editoriales como la aceptación, revisión o rechazo de artículos; resuelve casos de conflicto ético; e impulsa la visibilidad y el prestigio de la revista.
A pesar de que la RCEH se anuncia como una publicación “prestigiosa”, lo cierto es que su impacto a nivel nacional e internacional es muy bajo. Por ejemplo, en SJR (Scimago Journal Rank) –métrica para revistas que pondera el valor de una cita en función del campo temático, la calidad y la reputación de la fuente–, la RCEH obtiene tan solo un 0.101, lo que la sitúa en el último cuartil, el Q4 (2002-2022), tal y como puede comprobarse en la página web oficial de la entidad consultada (https://www.scimagojr.com/journalsearch.php?q=16100154712&tip=sid&clean=0).
Los cuartiles (Q), o indicadores de calidad y prestigio, se ordenan según un índice de impacto en cuatro grupos: Q1 para las revistas que están en el 25 % superior (las más influyentes y citadas), por lo que publicar en ellas se considera de máximo prestigio; Q2 para las revistas en el 25-50 %; Q3 para el 50-75 %; y Q4 para el 25 % inferior dentro de su área. Esto indica que su impacto y su alcance es muy bajo y limitado.
Por otro lado, en Scopus (Elsevier), otra de las métricas de revistas, su CiteScore es de entre 0.0 y 0.1 para 2014-2024 (https://www.scopus.com/sources.uri), y no figura en Web of Science (https://www.webofscience.com/wos/woscc/basic-search).
Aunque puede parecer un asunto irrelevante para muchas personas, estas métricas sirven como referencia de calidad científica para investigadores, universidades y agencias de evaluación. Es un hecho comprobado que publicar en revistas Q1 o Q2 es más valorado para concursos de plazas académicas, solicitudes de financiamiento y evaluaciones de proyectos de investigación.
Uno de los mayores problemas que, hoy en día, presenta la RCEH es que su publicación sufre un retraso considerable, con un desfase de más de tres años con respecto a las fechas de publicación previstas para cada número. El 29 de mayo de 2025 se publicó el número 47, volumen I, de 2022. Por este motivo no es posible conocer el factor de impacto en otras métricas como JCR (Journal Citation Reports, de Clarivate Analytics). Los problemas que esto genera son enormes. A continuación se destacan los más importantes: i) la desactualización del conocimiento, al retrasar su diseminación, ya que se impide que otros investigadores lo utilicen como referencia para sus propios trabajos; ii) el impacto en la carrera de los investigadores (en términos de evaluación de méritos y productividad) y la desmotivación para enviar un trabajo a la revista; iii) las dificultades que genera en el sistema de citación y referencias, así como los problemas en las métricas y el factor de impacto; iv) la desconfianza en la revista, en la calidad de su proceso editorial y sus políticas de revisión; sin contar la fuga de investigadores; v) el impacto en el financiamiento de la revista, y la pérdida de oportunidades para los investigadores de obtener becas y proyectos; y vi) los problemas éticos (investigaciones similares pueden ser publicadas antes en otras revistas) y el riesgo de duplicación.
Por otro lado, en la página web de la revista solo están subidos los archivos desde el volumen 38, correspondiente al año 2014, por lo que faltan todos los números desde 1976 a 2013, a pesar de ser un Open Journal.
Otro asunto relevante es que los autores que han publicado en los últimos números de la revista no son canadienses ni desarrollan su labor académica en universidades del país. Esta situación, si bien puede interpretarse como un signo de apertura e internacionalización de la revista, también plantea interrogantes en relación con su identidad, sus objetivos y su función dentro del contexto académico canadiense. En efecto, por un lado, contar con colaboraciones extranjeras otorga prestigio, amplía la visibilidad de la revista en otros espacios de producción científica y contribuye a la circulación global del conocimiento. Sin embargo, por otro lado, la ausencia de voces vinculadas al ámbito canadiense puede producir la percepción de que la revista no refleja ni impulsa suficientemente la investigación canadiense. Según los expertos consultados, una publicación que pretende estar anclada en una institución (la ACH) y en un contexto geográfico específico (Canadá), resulta fundamental que mantenga un equilibrio entre la proyección internacional y la representatividad local.
En este sentido, la falta de participación de investigadores canadienses podría interpretarse como una oportunidad perdida para fortalecer redes académicas nacionales, dar visibilidad a la producción científica nacional y contribuir al desarrollo de comunidades de investigación dentro del país. Asimismo, puede restar atractivo para profesores, jóvenes investigadores y estudiantes de posgrado canadienses que buscan un espacio cercano para difundir sus trabajos. Si se tuviera en cuenta todo esto, la RCEH podría mantener su perfil internacional sin dejar de lado su compromiso con el ecosistema académico que la sustenta.
En cuanto a su financiación se refiere, en los últimos años la RCEH ha recibido varios Aid to Scholarly Journals del gobierno canadiense, a través del SSRHC-CRHS. Estas subvenciones, pensadas para revistas académicas, “apoyan la difusión académica canadiense, ofreciendo una contribución que permita explorar actividades innovadoras, ayudar a sufragar los gastos relacionados con la publicación de artículos académicos, la publicación digital y su distribución en plataformas canadienses sin ánimo de lucro”.
En concreto, en la convocatoria de septiembre de 2021 la RCEH obtuvo 88 537 $ (2021-2023) (https://sshrc-crsh.canada.ca/results-resultats/recipients-recipiendaires/2021/asj-eng.aspx#wb-auto-5); con anterioridad había recibido otros 90 000 $ (2019-2022). Todos estos fondos fueron asignados a la dirección de la revista (y gestionados por la University of Alberta). Además del SSHRC-CRSH, la RCEH tiene el apoyo de la Oficina cultural de la Embajada de España en Canadá y de las Universidades de Alberta y Ottawa, tal y como figura en la página web.
En la “Nota de la directora” incluida en el volumen 42(3) de 2018 se lee lo siguiente: “Me honra y complace –con la ayuda del Consejo, de la ACH y de todos nuestros colaboradores y lectores– poder emprender este proyecto y sus retos con energía y profesionalismo”. Se espera que esa energía y ese profesionalismo regresen con la nueva dirección de la RCEH. Dado que solo la crítica constructiva es válida, me permito ofrecer algunas estrategias que se podrían implementar para mejorar la calidad de la revista: i) indexarla en todas las bases de datos bibliográficas (Scopus, Web of Science, DOAJ, etc.); ii) promover el envío de trabajos a la revista dentro de las redes académicas; iii) mejorar considerablemente el problema de la periodicidad de publicación, aspecto que se solucionaría si se prioriza solo la versión en línea de la revista; y iv) ampliar el hispanismo a las demás áreas de conocimiento e investigación, ya que este no solo se centra en los estudios literarios.
Asimismo, entre otras acciones concretas, también se podría contar con evaluadores especializados, de diferentes instituciones y países, para garantizar pluralidad y objetividad; incluir otros investigadores de prestigio en el consejo editorial, para que, al menos, haya un profesor representante de cada universidad canadiense; establecer tiempos claros y protocolos éticos de revisión, hacer públicos los criterios de evaluación y los tiempos de publicación; aceptar colaboraciones de distintas áreas y marcos teóricos, para evitar un enfoque unitarista; usar DOI para cada artículo y sistemas de metadatos, incorporar métricas de impacto y descargas; y promocionar los artículos en redes académicas y científicas como ORCiD y Academia. Por último, se podrían fomentar más las convocatorias temáticas que involucren problemáticas de interés canadiense, aceptar a académicos locales como editores invitados, y establecer alianzas con grupos de investigación nacionales en todas las disciplinas del hispanismo.
Como académico, profesor en un programa de Estudios hispánicos y ciudadano hispano-canadiense este es mi deseo, para que el hispanismo en Canadá mejore y esté a la altura de lo que se hace en otros países, y para que –como escribió Mario Valdés en el número 1 del volumen 1– empiece “una nueva época de los estudios hispánicos en el Canadá”, ya que con la RCEH “la perspectiva canadiense tiene una ventana abierta al mundo […] y tenemos un vehículo colectivo de comunicación con nuestros colegas de otros países”. Ojalá que así sea en el 50 aniversario (1976-2026) de la revista.
👇Llevándote un libro ayudarás a la Revista Hispanophone a seguir publicando estas historias:
Libro:
Diario de un inmigrante. Historias reales de gente que inmigró, del periodista Carlos Bracamonte
Disponible en Amazon en estos enlaces:
🇨🇦Desde Amazon Canadá: https://acortar.link/fR4vRz
🌍Desde Amazon.com: https://acortar.link/wapeNi

