El viaje interminable de José del Pozo

José del Pozo en la puerta de su antigua oficina; fue profesor en la UQAM por 40 años (foto: álbum familiar).

La historia de un inmigrante anónimo exiliado en Canadá es el tema de la nueva novela del escritor  José del Pozo, titulada El viaje interminable (Mapalé, 2019). Cuarenta  y cinco años después de verse forzado a dejar su Chile natal, conversamos con Del Pozo, que reconstruye una época de exilio e inmigración masiva que ha dejado heridas sin cerrar.

Por Humberto Medina

No hay mejor manera de enlazar el tiempo y el espacio que en un relato de viaje. En un recorrido de viaje atravesamos diferentes lugares y lo que vamos dejando atrás es parte del tiempo que se registra en la memoria. Los viajeros y los aventureros aprenden del viaje y se transforman de manera más radical en el camino que en el propio destino. ¿Y no es emigrar quizás uno de los viajes más transformadores que pueda haber? ¿La inmigración no es, finalmente, un relato necesario?

El viaje interminable (Mapalé, 2019) es la más reciente novela del profesor y escritor José del Pozo Artigas (Viña del Mar, 1943), historiador y profesor de la UQAM por cuarenta años, en los cuales se dedicó a enseñar la historia latinoamericana y a investigar diversos temas, entre ellos la inmigración de los latinos hacia Quebec, particularmente, la inmigración chilena. Por ello, este tema ha estado siempre presente entre sus inquietudes. Pero una novela es un territorio diferente al de la investigación académica. En el caso de la novela, José del Pozo adopta una mirada subjetiva, mira hacia atrás y hacia sí mismo y nos cuenta una historia que se refleja y se inspira en su propio viaje.

Portada de la novela publicada por Editorial Mapalé.

En El viaje interminable se relata la historia de Marcos, un joven profesor de historia chileno que emigra junto a su esposa, Gabriela, y su pequeña hija, Loreto, a Canadá luego de que su vida se viera trastocada por el golpe que derrocó a Salvador Allende en 1973. La historia es un largo camino en el que Marcos debe lidiar con la adaptación a un nuevo país y una nueva ciudad, Montreal, y a la vez con lo que sucedía en su país durante los difíciles años de la dictadura de Pinochet. Aunque la historia refleja en muchos aspectos la propia vida de José del Pozo, esta no deja de ser una novela, es decir, una ficción, por ejemplo, tanto Gabriela como Loreto son personajes ficticios que no asemejan la familia de Del Pozo.

El viaje interminable sin duda va a interpelar a todo inmigrante, por muy diferente que sea su historia personal –exilio forzoso, como el caso de Marcos, o por explorar nuevas oportunidades de vida– debe haber en cada caso una negociación entre el bagaje cultural propio y el nuevo contexto ¿qué estamos dispuestos a dejar atrás y qué estamos dispuestos a cambiar en nosotros para adaptarnos a una nueva cultura? Esta parece ser la pregunta que atraviesa a la novela.

Nos reunimos con el profesor José del Pozo y conversamos sobre algunos aspectos de la novela y de su vida.

¿Cómo surge la idea de escribir esta novela?

— Se fue concibiendo de manera natural. Hasta hace cuatro años fui profesor a tiempo completo. A los 71 años decidí que era suficiente. Pensé en escribir mis memorias pero después pensé que era un poco latoso porque mi vida real no es muy espectacular. Como siempre me había gustado leer novelas y ya había trabajado el libro sobre Benjamín [Benjamín, una vida del siglo XIX (2013), un libro en el que José del Pozo hace un relato ficcional de Benjamín Vicuña Mackenna]; ese libro fue una primera práctica y me gustó la experiencia. Decidí que en vez de mis memorias iba a escribir una novela sobre el exilio. Fue fácil porque fue como evocar la historia de mi vida escogiendo aquellos episodios que pudieran encajar en una suite y que tuvieran un sentido.”

¿Cuál es la esencia de la novela, es una novela sobre el exilio?

— Lo que cuento en la novela no es un exilio desgarrador, como le pudo haber pasado a otros chilenos. Quizás porque sus personajes no eran militantes políticos con mayúsculas. Quise contar la historia de exiliados anónimos, experiencias del inmigrante normal, anónimo, regular. Contar un cierto tipo de exilio, un exilio forzoso pero en el que luego uno se va acostumbrando a una nueva realidad.

Como historiador, el profesor Del Pozo se siente cercano al relato, a la acción de relatar como una forma de comprender nuestra propia experiencia. En este sentido, la novela tiene un tipo de narración directa. Acciones y diálogos se suceden para construir de manera transparente la historia de Marcos y la mirada de un inmigrante en Quebec, su adaptación y el conflicto que surge en él con relación a su país. Por ello, quizás las escenas que se desarrollan con más precisión histórica sean las de las reuniones de chilenos emigrados que discuten sobre la política de su país y las acciones que pueden tomar en la distancia:

— Quise retratar las diferentes actitudes de los emigrados. Son personas que yo conocí a lo largo de mi vida. Hice una especie de crónica histórica de las situaciones que existieron realmente, por ejemplo, el diputado que asiste a las reuniones de chilenos es reconocible, es Osvaldo Núñez, primer latinoamericano elegido diputado en Canadá. Yo fui testigo de esas reuniones. Todas son escenas reales, los ambientes que describo, las discusiones. 

¿Podríamos leerla como una novela política?

— En parte sí pero también hay sentimientos de la vida privada, la nostalgia del país, los llamados telefónicos, una cierta esfera privada que está más allá de la política. La parte política es importante porque todo eso es lo que produce el exilio. No se puede dejar de lado la política. Sin embargo, me interesa retratar también el ritmo de vida en Quebec, como el episodio del verglas, por ejemplo, pensé que eso quizás le podría interesar a los lectores de Chile.

Chile y Quebec

Uno de los aspectos más interesantes de El viaje interminable es que podemos leer también un intento del autor por entender la sociedad quebequense y, sobre todo, la manera en que los inmigrantes, en particular los chilenos, se relacionaron con Quebec. Los personajes que construye Del Pozo representan diferentes actitudes hacia la inmigración, por ejemplo, en la hija de Marcos, Loreto, el escritor quiere retratar la mirada y la actitud de los inmigrantes de segunda generación, aquellos que nacieron en Quebec o emigraron con sus padres cuando aún eran muy pequeños. “A ese personaje [Loreto] no tenía pensado darle mucha importancia, pero se fue desarrollando, quise contar en paralelo la historia de esa segunda generación de chilenos, que comparten las ideas de sus padres pero sin involucrarse mucho. Loreto cuando está más grande hace un viaje de visita a Chile y participa en unas protestas de manera impulsiva, ella apoya emotivamente a sus padres pero no está realmente politizada, ella se acostumbra mucho a la vida de acá, de hecho a ella le encanta el francés, la cultura quebequense. Ilustra bien esa parte de la juventud chilena que creció acá.”

Otro de los personajes interesantes es Danielle, una joven quebequense que tiene un romance con Marcos. ¿Qué representa Danielle?

— Danielle es una metáfora de la atracción que Quebec ejercía sobre los chilenos, y a través de ella y de su entorno puedo hablar de los quebequenses, todo ellos inspirados en personas que conocí.

¿Cómo es esa relación entre los emigrados chilenos y Canadá?

— Más que con Canadá la relación que describo es con Quebec. En la novela se habla mucho de Quebec y de la vida política de esos años setenta y ochenta. Para muchos chilenos había un cierto paralelo entre lo que veían acá y lo que Allende quería hacer. Un paralelo un tanto forzado pero así lo veían. El movimiento nacionalista de Quebec tiene cierta relación con la izquierda. Había un cierto acercamiento con la izquierda. René Levesque, por ejemplo, asistió a reuniones de chilenos, eso fue importante y eso estrechó los lazos entre los chilenos y el movimiento independentista. No en todos los chilenos, por supuesto, pero sí en muchos de ellos.

¿Hay en el protagonista de la novela una cierta sensación de culpa por haber abandonado su país en un momento difícil?

— La culpabilidad viene sobre todo por el hecho de que Marcos no hizo nada por defender el gobierno de Allende el día del golpe, en 1973, y porque su profesor en la universidad, el profesor O., se quedó en Chile y fue uno de los detenidos-desaparecidos de la dictadura. También Marcos sintió un poco esa culpa por su profesión, ya que no puede hacer su doctorado sobre la historia de Chile, ahora en Canadá se plantea la posibilidad de hacerla sobre Quebec, se siente entonces como abandonando Chile. Hay allí un desgarramiento y una situación difícil. Marcos tiene en su pasaporte la “L” [Que le impide regresar a Chile]. Eso lo inventé un poco, yo no tuve la “L” en el pasaporte pero me pudo haber pasado porque yo publiqué algunos artículos contra la dictadura y eso pudo haber tenido consecuencias. Yo tuve amigos míos que hablaban en forma pública contra la dictadura y tuvieron problemas en el consulado, amenazados de no renovarles el pasaporte.

El año 1973 fue un año en el que historia de Chile cambió ¿cuándo empezó a pensar en la idea de emigrar?

— Yo nunca había tenido la idea de emigrar pero sí tenía el deseo de viajar, al igual que Marcos yo era bueno para los idiomas y leía francés fácilmente. En esa época [antes del golpe] era muy poca la gente que emigraba, no era una cosa colectiva como ahora, ahora es normal, ahora con Internet hay mucha más información. Luego del golpe yo quise partir. Me despidieron de la universidad, me cortaron mi carrera profesional y el ambiente se volvió espantoso, era terrible estar en medio de una dictadura que controlaba los medios de comunicación, una dictadura que se dedicaba a contar mentiras todos los días por televisión, por radio. Emigrar fue necesario para mi salud mental, la situación era insoportable. Entonces le propuse a mi esposa que partiéramos y ella aceptó.

El autor, al extremo derecho, en una manifestación para pedir el derecho al voto para los chilenos del exterior (foto: álbum familiar).

El historiador y la literatura

José del Pozo tiene varias investigaciones que abordan el tema de la inmigración, quizás entre las más importantes se encuentra Les Chiliens au Québec : Immigrants et réfugiés, de 1955 a nos jours, publicado en 2009. Este libro se construye a partir de entrevistas a inmigrantes chilenos donde Del Pozo quería mantener vivo el carácter del relato oral de las historias de los inmigrantes. No hay entonces posibilidad de entender el proceso de inmigración sin entender que la historia se construye desde el relato en el que se ensambla efectivamente la acción, el tiempo y la experiencia que da sentido a los hechos. El profesor Del Pozo siempre ha sido consciente de la importancia de la fuerza de las historias orales, del relato y, por supuesto, de la literatura. En la universidad dictó cursos sobre historia y literatura en los que analizó novelistas latinoamericanos como Alejo Carpentier y García Márquez.

¿Cómo llegó a la literatura?

—  Yo, desde muy joven, quería escribir una novela, un deseo totalmente ingenuo. Después de la universidad tuve un intento de novela sobre mis años de universidad, pero quedó allí, no la terminé. Me absorbió mi carrera profesional. Pero me quedó el gusto por escribir, aparte del gusto por la historia. Me quedó también el gusto por relatar, trato de relatar también, por eso yo he hecho mucha historia oral, tengo dos libros basados en entrevistas, uno de ellos es una historia de chilenos en Quebec en el que entrevisté a más de 80 personas llegadas en diferentes épocas. En los relatos de historia hay un elemento narrativo y hay una cierta relación con la literatura. El otro libro surgió de la inquietud de cómo una persona llega a militar en un partido político, ese libro es Rebeldes, reformista y revolucionarios (1992). Resultó un libro amplio. Uno de mis recientes libros Benjamín, una vida del siglo XIX me animó, puedo escribir diálogo, me dije. Hay que saber escribir diálogo, hay que saber crear personajes, hay que saber darle un ritmo al relato.

Muy joven se fue a Santiago ¿fue un cambio importante?

Me fui a estudiar en la universidad, allí aprendí lo que era la política. Me empezaron a atraer las ideas de la izquierda, la justicia social. Participé un poco en la campaña de Allende del 64, sin militar. Todo eso fue parte de mi aprendizaje. Allí empecé a conocer a los principales novelistas, leí a Flaubert, a Maupassant, por ejemplo, y entre los autores chilenos leí a José Donoso, Edwards y Manuel Rojas, y entre los latinoamericanos a Vargas Llosa, sobre todo.

¿Tiene algún ritual, un horario o un hábito para escribir?

No tengo un rito. Esto puede parecer una herejía pero esta novela la escribí a tiempo parcial, porque al mismo tiempo escribía un libro sobre Chile, un diccionario histórico de la dictadura que tiene 500 páginas [Diccionario histórico de la dictadura cívico-militar en Chile. Período 1973-1990 y sus prolongaciones hasta hoy, Ediciones Lom, 2018]. Esto lo puedo hacer también porque estoy jubilado y tengo el tiempo. Se me iban ocurriendo las escenas y los diálogos y entonces dejaba el trabajo del diccionario y me ponía a escribir. Fue un trabajo relativamente fácil porque la novela está basada en mi experiencia personal, escribir sobre historias que no son de uno mismo es más difícil.

La nostalgia

Marcos y Gabriela, en El viaje interminable, discuten la posibilidad de regresar, pero los años en Canadá y la vida que Loreto, su hija, se ha construido, les dificulta la decisión. Regresar o quedarte definitivamente es uno de los dilemas terminantes del inmigrante. Sobre el final de la novela el profesor Del Pozo comenta “El final lo dejo abierto porque Marcos no puede dejar de pensar en Chile, y yo tampoco puedo dejar de pensar en Chile. A mí me pasa bastante eso, yo sigo escribiendo sobre Chile. Uno nunca puede dejar atrás su historia. Lo que pasó en el año 73 fue demasiado grande. Algunas personas sufrieron muchísimo, mucho más que yo. La separación brusca, la nostalgia, yo lo he compensado con mi profesión.

¿Y hay algún proyecto de escritura en estos momentos?

José del Pozo guarda silencio un rato, no quiere decir mucho sobre eso pero comenta que sí tiene algo pensado: “La segunda novela será un desafío porque ya no voy a escribir sobre mí mismo.”

¿Qué queda en la memoria y del pasado una vez que el tiempo ha transcurrido en otro país?  La inmigración y el exilio pueden dejar una doble herida, para muchos inmigrantes el regreso se vuelve imposible porque aún si se regresa al país de origen se corre el riesgo de regresar como un extranjero en tu propia tierra porque los años afuera te terminan transformando. La inmigración puede ser una condición que se lleva en el cuerpo para siempre. En este sentido, es un viaje que no termina, de allí que el título de la novela acierte con precisión en la descripción de la experiencia del inmigrante. Esa condición de viajero perenne será sin duda una reflexión obligada para quien se anime a recorrer con José del Pozo su viaje interminable.


Humberto Medina es sociólogo e investigador literario. Fue profesor de literatura en la Universidad Simón Bolívar en Venezuela. Es candidato al Doctorado en Literatura de la Universidad de Montreal, escritor y editor cultura de Hispanophone.