Tópicos recurrentes. La huella de España en América

Representación de los mestizos a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX. Autor desconocido (fuente: college.emory.edu).

Un tema histórico aún polémico: la leyenda negra sobre el papel de España en la conquista de América. ¿Qué fue lo que realmente ocurrió?

Por Enrique Pato y Giancarlo Fantechi

Muy presente todavía en la sociedad y en la cultura hispanas, el papel histórico ejercido por España en América a menudo solo es recordado por la leyenda negra, la cual acusa a España de genocidio y esclavitud de los pueblos americanos en época de la Conquista. Tal y como ha sido estudiado por varias disciplinas, los procesos de ‘conquista y colonización’ conllevan el uso de las armas. El imperio Romano invadió y conquistó la península Ibérica, «integrando» a los pueblos celtíberos, lusitanos, astures y cántabros, pero nadie mantiene que Roma «aniquilara Iberia». Castilla llevó a América otra civilización y otra fe al bon sauvage, hombre que, como sus semejantes, tampoco estaba exento del pecado original (Carbia 2004: 52). Por intereses políticos y comerciales se volcaron ideas destinadas a diezmar esa legitimidad.

La historiografía moderna se ha detenido sobre esta cuestión con espíritu libre de prejuicios (García Cárcel 1992: 215) para intentar poner las cosas en su sitio. A pesar de que muchas voces calificadas y reputadas dentro del ámbito académico hayan defendido la inexistencia de la leyenda negra (García Cárcel 1992: 13-18), en el sentido de un plan consciente y organizado por ingleses y holandeses, sería preciso restablecer el sentido común basado en la documentación disponible y en la observación: basta con escuchar todavía en nuestros días el automatismo con que surge en la opinión pública el rechazo a la acción «civilizadora» en las Américas.

Sabido es que durante el proceso de conquista los tlaxcaltecas ayudaron a Cortés a derrotar a los aztecas, y que los aztecas ayudaron a su vez a los españoles en posteriores batallas. La historia no deja de ser una sucesión de conquistas. Es cierto que se cometieron maltratos, explicables quizá por la condición de las gentes que llegaron a América y por las circunstancias de la época, pero España no planeó un genocidio generalizado. A este propósito, Rómulo Carbia (2004: 55-58, 67, 163) ha demostrado cómo las acusaciones de fray Bartolomé de Las Casas se referían a acontecimientos limitados en el tiempo y en el espacio, algunos de ellos desprovistos de soporte testimonial fidedigno. Casos de crueldad los hubo, pero no se puede culpar de ello a toda una sociedad, como unidad. No se debe olvidar que un gran porcentaje de las muertes acaecidas no fueron producto de las armas, sino de las enfermedades (gripe, viruela, escarlatina y sarampión) que se transmitieron desde Europa.

Treinta años después de la llegada de Colón, en 1542, se emiten las Leyes Nuevas, en donde se regula en detalle el trato a los nativos, proclamando su libertad y suprimiendo las encomiendas (García Cárcel 1992: 226). Carlos V mandó constituir una comisión que determinara la limitación de los derechos de los españoles y el sistema y forma en que se llevaban a cabo las conquistas. En dichas leyes también se regulaban los tributos que los indígenas debían aportar al Estado, como súbditos del rey que eran y no como esclavos. Se ordenó a la armada española la persecución de las naves esclavistas inglesas, holandesas y portuguesas con destino a las colonias anglosajonas y Brasil. En palabras de Lewis Hanke (1949), solo España se responsabilizó seriamente “de su deber cristiano hacia los pueblos nativos”, porque la misión de España (de Castilla) fue la civilización y evangelización, el anuncio de la fe verdadera a los paganos y la “noticia de nuestro Dios verdadero” (Brading 1991: 240, Duviols 2008: 66). Es decir, España se movió inspirada por la propagación y defensa de la fe (Pérez 2009: 117), pero pagó por esa fidelidad un precio muy alto: el desprecio y la leyenda negra. Desprecio que todavía camufla verdades escondidas de anticatolicismo y el histórico conflicto entre la Cruz y la Ley, basado en lecturas distintas del mensaje cristiano, utilizado como «mito inspirador»: los españoles, católicos, llegaron con el Evangelio, mientras que los colonizadores protestantes (anglosajones y holandeses) lo hicieron con la narrativa del Nuevo Israel, inspirada en el Éxodo, donde el «autóctono» era equiparado con el cananeo del relato fundacional hebreo (Iacobino 1992: 157-203). Pero no fue solo un asunto de fe, también de cultura y de mestizaje, pues a la inmensa mayoría de los colonos españoles no les molestó juntarse «ilícitamente» con las mujeres locales.

La narrativa de exterminio y el resentimiento criollo antipeninsular se ejemplificarán siglos más tarde en el “Convenio de Cartagena” (1813), aprobado por Simón Bolívar, donde el fin principal era “exterminar en Venezuela la raza maldita de los españoles de Europa sin exceptuar los isleños de Canarias; […] ninguno de ellos debe quedar con vida no admitiéndose excepción ni motivo alguno. […] Para tener derecho a una recompensa o a un grado bastará presentar cierto número de cabezas de españoles o de isleños canarios. El soldado que presente 20 será hecho abanderado en actividad, 30 valdrán el grado de Teniente, 50 el de Capitán…”.

En el momento de las independencias, Hispanoamérica era una de las regiones más prósperas del mundo, con una economía comparable a la europea. Los problemas tras las independencias no fueron causados por España, sino por los libertadores que en nombre de la «Igualdad, Libertad y Fraternidad» recomenzaron la lucha contra el indio (derechos, tierras y vidas).

La huella de España en América no se puede recordar únicamente por la esclavitud y la muerte. También se puede recordar por el florecimiento de una cultura ‘mezclada’, nueva, por haber ayudado en el desarrollo del urbanismo y la arquitectura, la economía estructurada y la agricultura, la imprenta (México 1535) y las universidades. Se fundaron 23 universidades y reales colegios (desde Santo Domingo 1538, Lima 1551 y México 1551 hasta Guadalajara 1792). Portugal no fundó ninguna universidad en Brasil.

Numerosos investigadores están de acuerdo en señalar que el paso de España en América es uno de los periodos más interesantes de la historia, precisamente porque España no fue a América solo para explotarla e irse, sino para construir juntos y para fusionarse, primero en la Nueva España y el Perú, más tarde en la Nueva Granada y el Río de la Plata. Fruto de todo ese contacto y de ese mestizaje de siglos son sus gentes y sus ciudades de hoy. Españoles e hispanoamericanos de toda condición deberían conocer los hechos en conjunto («los malos y los buenos»), para poder opinar con rigor y cultura lo sucedido. Quizá solo así podremos decir aquello de “Yo sé quién soy” (El Quijote I, cap. V).

Enrique Pato es doctor en Filología Española por la Universidad Autónoma de Madrid. Sus campos de investigación se centran en la gramática, con especial atención a la sintaxis, y en la dialectología y la variación, tanto histórica como actual. Investigador principal de varios proyectos, Corpus de la sintaxis dialectal del español peninsular (FQRSC), Sintaxis dialectal del español (CRSH), El español en Montreal y COLEM (Corpus oral de la lengua española en Montreal), ha coeditado varios volúmenes colectivos y actas de congresos y tiene publicados más de cuarenta artículos en revistas nacionales e internacionales. En la actualidad es profesor agregado en la Universidad de Montreal. Leer más artículos del autor.

Giancarlo Fantechi es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Florencia, en Teología por la Universidad McGill y en Estudios Hispánicos por la Universidad Bishop’s (B.A.) y la Universidad de Montreal (M.A.). Es candidato doctoral en Estudios Hispánicos en la Universidad de Montreal. Su campo de investigación son las Biblias medievales castellanas. Ha publicado varios artículos sobre los manuscritos bíblicos del Escorial I.I.6 y I.I.8 del siglo XIII. En la actualidad es encargado de curso de lengua española e italiana en la Universidad Bishop’s.

Referencias:

Brading, David. Orbe indiano. De la monarquía a la república criolla, 1492-1867. México, FCE, 1991.

Carbia, Rómulo. Historia de la leyenda negra hispano-americana. Madrid, Fundación Carolina/Marcial Pons, 2004.

Duviols, Jean-Paul. La lutte contre les religions autochtones dans le Pérou colonial. Toulouse, Presses Universitaires du Mirail, 2008[1971].

Hanke, Lewis. La lucha por la justicia en la conquista de América. Buenos Aires, Sudamericana, 1949.

Iacobino, Pasquale. Sottomessi a Dio Onnipotente. Razzismo e religione dell’apertheid. Milán, Edizioni dell’Arco, 1992.

García Cárcel, Ricardo. La leyenda negra: historia y opinión. Madrid, Alianza, 1992.

Pérez, Joseph. La leyenda negra. Madrid, Gadir Editorial, 2009.