La traducción: más que una cuestión de palabras

Foto: www.ficsum.com

La traducción es más que una equivalencia entre dos idiomas, es un proceso complejo de interpretación que añade una nueva dimensión al texto original.

Por Gabrielle Pannetier Leboeuf

Una buena traducción, si bien tiene que ser lo más fiel posible al texto de partida, muy raras veces logra igualar en todos los puntos su calidad: esto parece ser una evidencia. ¿Y si no todo proceso de traducción implica necesariamente una pérdida de sentido, sino que añadiría más bien una segunda dimensión al texto, que estaba ausente del original? Para entender en qué medida un texto se puede beneficiar de su traducción, la primera etapa consiste en considerar la traducción como un fenómeno que va mucho más allá de la lingüística, y a constatar que se extiende al contrario de una mayoría de operaciones de la vida cotidiana, como la conversación que usted acaba de tener con su colega hace unos minutos o incluso la comprensión de  la oración que está leyendo en este momento. Cuestionemos ciertas concepciones tradicionales de la traducción considerando bajo un nuevo ángulo esta disciplina demasiadas veces restringida a la lingüística.

Traducir: concepto conocido, ¿no es cierto? Muchos comparten la convicción de saber exactamente lo que implica la traducción, sin embargo, nada es menos seguro. La traducción tiene un sentido mucho más amplio que la mera transferencia de informaciones de una lengua a otra, ella permite abrir múltiples posibilidades en el plano del sentido que rebasan la relación con el texto original. Así, una multiplicidad de definiciones distintas, y a veces contradictorias, coexisten para la traducción. Por ejemplo, aun dentro de la comunidad de traductores y teóricos de la traducción, muchos están en desacuerdo en cuanto a las distinciones (o en cuanto a la existencia misma de distinciones) entre las nociones de traducción y de interpretación. En su acepción científica más amplia, la traducción puede ser conceptualizada como un acto interpretativo que permite presentar distintas versiones válidas de la realidad al proponer una reescritura y una reapropiación de las nociones que se quieren traducir. Ahora, ¿qué implica verdaderamente la traducción? 

La traducción como traición 

La primera pregunta que se hacen los investigadores cuando piensan en las implicaciones de la traducción es la siguiente: ¿el proceso de la traducción empobrece o, al contrario, enriquece el sentido atribuido a un texto? Para algunos, la traducción aparece como una representación fallida de la idea inicial. Según el escritor Charles Pierre Péguy, toda traducción, todo desplazamiento, implica una transformación y una pérdida de significado frente al original, lo que este autor califica de “alteración”(1). Por lo tanto, si bien una traducción o reformulación puede acercarse a la idea inicial, nunca puede igualarla perfectamente, lo que lleva el teólogo y filósofo alemán Friedrich Daniel Schleiermacher a afirmar que « si palabra y sentido están vinculados, la traducción es una traición y una imposibilidad (2) » (nuestra traducción).

De hecho, es cierto que existen casi tantas variedades de una misma lengua como locutores, y una traducción perfecta exigiría que cada expresión sea traducida diferentemente para cada destinatario. Efectivamente, es probable que el sentido atribuido a diversas expresiones varíe de un hablante a otro, por lo que un discurso nunca significaría lo mismo para dos individuos, cada uno de ellos lo analizaría, codificaría y “traduciría” según sus propias concepciones y definiciones de las palabras y de sus matices (3). Bajo esta óptica, hasta el lector de una novela sería un traductor-traidor, ya que su comprensión personal y subjetiva filtra y modifica el sentido que tendrán para él las palabras. La misma realidad no podría ser perfectamente traducida por el lenguaje ya que las palabras difícilmente pueden traducir con fidelidad y precisión absoluta los pensamientos de un individuo, ni estos pensamientos pueden traducir de manera exacta los conceptos a los que remiten. El escritor y teórico de la traducción George Steiner explica este fenómeno o esta pérdida de sentido como una consecuencia del desfase inicial que existe entre lenguaje y realidad, entre palabra y objeto (4).

Siguiendo esta lógica, la traducción perfecta sería imposible ya que la comunicación en sí es un filtro imperfecto. En un sentido amplio, toda obra original sería inicialmente una traducción, puesto que se trata de la traducción aproximada de ideas en palabras. El ensayista mexicano Octavio Paz afirma al respecto:

Cada texto es único y, simultáneamente, es la traducción de otro texto. Ningún texto es enteramente original porque el lenguaje mismo, en su esencia, es ya una traducción: primero, del mundo no-verbal y, después, porque cada signo y cada frase es la traducción de otro signo y de otra frase (5).

Por ende, difícilmente se puede exigir de una traducción (ya sea una traducción de una lengua a otra o la traducción de una idea en otras palabras de una misma lengua) que sea perfecta, siendo ella misma la traducción de una traducción o la copia de una copia (6). En este sentido, ¿cómo podría la traducción ser fiel al original si ni el mismo original es fiel a la realidad?

La traducción, para reescribir el mundo

Si la traducción es para algunos una traición, también es percibida paradójicamente para otros como una estrategia de reescritura polifónica del mundo, es decir, como un proceso positivo en el que los sentidos y las voces se multiplican. El hecho de que toda traducción (incluyendo las obras originales) sea la mayoría del tiempo imperfecta per se posibilita y justifica la multiplicación de las traducciones como intentos de aproximación a la realidad. Cada traducción, en vez de ser una imitación, constituiría por lo tanto una versión, una reescritura o una corrección de un texto, de un pensamiento o de un acontecimiento, que tendría existencia propia fuera del “original” (7). Representaría por lo tanto una visión alternativa a la visión inicial, es decir, una visión que difiere de la versión oficial o hegemónica (8).

En este sentido, la traducción permitiría abrir los horizontes de un interlocutor, haciendo que “el original [llegue a ser] una de tantas versiones posibles” (9). Por ejemplo, las adaptaciones cinematográficas de las novelas Millenium (su “traducción” en lenguaje cinematográfico) representan en cierta medida una segunda versión de estas obras, que existen sin embargo por su propia cuenta y que conocieron un éxito considerable. Las traducciones al francés de los cuentos y poemas de Edgar Allan Poe por Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé, cuya calidad literaria es tan grande que varios lectores las juzgaron tan ricas como su versión original en inglés, constituyen otros ejemplos que ilustran perfectamente esta posibilidad.

Más aún, para ciertos teóricos de la traducción, la obra traducida, en vez de ser una versión inferior, solo sería una “regeneración” de la idea inicial que el original intentaba también expresar. El proceso de traducción podría por tanto dar vida a otra vertiente del texto que no aparecía en la versión inicial y que la traducción sería la única forma de poder revelar (10). Según el teórico francés de la traducción Antoine Berman, el objetivo de una traducción no es entonces llegar a representar la idea expresada en la palabra original, sino representar la idea a la que la propia palabra original intentaba acercarse sin lograrlo definitivamente (11).

La traducción, ¿solo de una lengua a otra? 

Para entender esta idea de Berman hay que ponerse de acuerdo en cuanto a la definición del término traducción. Por una parte, la definición que dan un gran número de especialistas es esencialmente lingüística: la traducción sería la expresión en una lengua de lo que se ha escrito o expresado en otra (12).

Así, en lugar de considerar toda situación cotidiana o todo acto de comunicación en el que se descodifica y se interpreta un concepto como una de las múltiples caras de la traducción, el poeta y teórico del arte Goethe prefiere separar lo que percibe como la traducción, que se limita a la traducción de un texto de una lengua a otra, de todos los demás tipos de reformulación, paráfrasis o interpretación (13). El filósofo, escritor y traductor Umberto Eco también defiende la misma idea, postulando con fuerza y claridad que interpretar no es traducir si la transferencia del discurso hacia otra lengua no está implicada en el proceso (14).

La traducción, ¿un acto interpretativo?

Por otra parte, Antoine Berman comparte la concepción que los románticos alemanes del siglo XIX tenían de la traducción, opuesta a la de Goethe y de Eco, y la define en estos términos:

Hablamos a propósito de la traducción generalizada: todo lo que se refiere a la “versión” de algo en otra cosa […]. La traducción, aquí, toca tanto a la manifestación de algo, a la interpretación de algo, a la posibilidad de formular, o de reformular, una cosa de otra manera (15) (nuestra traducción).

Dicha concepción de la traducción permite afirmar que la comunicación es en sí la traducción de una idea. De hecho, el uso popular del verbo traducir refleja esta acepción de la palabra como una reformulación, como en expresiones frecuentemente usadas como “he traducido mi pensamiento de la manera siguiente…” o  “no logro traducir lo que siento” (16). En este sentido, “toda comunicación es en cierto grado un acto de traducción-comprensión” (17).

Para Steiner, comprender es incluso sinónimo de interpretar y traducir a partir del momento en el que la translación (que significa “acción de desplazar” o “forma de desplazamiento”) y el “desplazamiento” de sentido que se efectúan al descodificar una información son tomados en cuenta (18). Además, desde un punto de vista estrictamente etimológico, el verbo traducir viene del latin traducere, cuya significación sería cercana a “hacer pasar de un lugar a otro” (19). Partiendo de esta constatación, Esteban Torre, profesor de literatura y de traducción en la Universidad de Sevilla, define la traducción como una translación, una transposición, un desplazamiento de un lugar a otro. De hecho, la palabra en inglés para referirse a la traducción es justamente translation, término en el que la noción de desplazamiento es explícita.

El lingüista Roman Jakobson propone también que “todo sería traducción en los actos del lenguaje” (20). Para él, la comunicación se divide en tres tipos de traducción. El primer tipo, la traducción interlingüística, es la traducción que ciertos autores califican de traducción “propiamente dicha”, es decir, la traducción de un texto de una lengua hacia otra en su concepción más tradicional. El segundo tipo de traducción, la traducción intralingüística, es la traducción más comúnmente conocida bajo los rasgos de la reformulación, es decir, intentar recurrir a palabras distintas de un mismo idioma para explicar un concepto o una idea. En la vida diaria se usa a menudo esta estrategia entre dos niveles de lengua o dos dialectos regionales, o entre dos maneras de hablar asociadas a una época dada (21). Finalmente, el tercer tipo de traducción propuesto por Jakobson es la traducción intersemiótica, es decir, el hecho de usar un sistema no verbal para representar unos signos verbales. Las expresiones faciales o gestuales o las onomatopeyas empleadas en lugar de palabras en la comunicación, o el uso de emoticonos en los mensajes de texto para traducir una idea, son ejemplos de este tipo de traducción (22). Por consiguiente, la traducción equivale, según el teórico, a una especie de sinonimia a nivel del sentido, y una conversación sería un acto de traducción intersemiótica constante en el que cada interlocutor “traduciría” sin cesar para sí el sentido de cada uno de los gestos que acompañan las palabras que está escuchando. Siguiendo la lógica del lingüista ruso, sería posible afirmar que el sentido es una traducción.

Una nueva versión del mundo 

Para concluir, el concepto de traducción, entendido por algunos como un fenómeno puramente lingüístico, y reivindicado por otros como un acto interpretativo en un sentido amplio que posibilita la creación de una nueva “versión” del mundo, cumple un papel fundamental para el cuestionamiento y la reapropiación del sentido de los elementos traducidos. Que la traducción implique cierta pérdida de sentido o que ocasione, al contrario, una adición interesante en el plano semántico, da cabida a la existencia de una versión alternativa y polifónica de la realidad. Así, si bien los teóricos se entienden para decir que una traducción no puede ser perfecta y que siempre es incompleta, el acto de traducción abre las posibilidades de coexistencia y de creación de nuevas subjetividades y análisis plurales tan válidos como las interpretaciones iniciales, ya que, tal como lo recuerda Berman, en términos absolutos no existe ningún original, solo existen traducciones (23).

Artículo publicado originalmente en francés en la revista Dire, volume 25 / no 2 / été 2016.

Gabrielle Pannetier Leboeuf es magíster en Estudios hispánicos por la Universidad de Montreal, y cursa un doctorado en 2016 en cotutela entre la Universidad de Montreal y Paris-Sorbonne (Paris IV). Sus campos de investigación son el cine hispánico contemporáneo y los estudios culturales. Se interesa también a las cuestiones de género y a la representación de las mujeres en las artes audiovisuales latinoamericanas, tema que trabajará en su tesis doctoral sobre la violencia hecha a la imagen de la mujer en el narcocine mexicano. Lea más artículos de la autora.

Notas bibliográficas:

(1) Cit. en Steiner, G. (1975). After Babel : Aspects of Language and Translation. Nueva York, N. Y. : Oxford University Press, p. 301-302.

(2) Schleiermacher, F. D. E. (1985). Traduction ethnocentrique et traduction hypertextuelle. En A. Berman et. al. (dir.), Les tours de Babel. Essais sur la traduction (p. 48-64).

(3) Wiesse Rebagliati, J. R. (1999). El lenguaje. Dos aproximaciones. Lima, Perú: Universidad del Pacífico.

(4) Cit. en ibid.

(5) Cit. en Baixeras Borrell, R. (2007). Análisis pluridisciplinar de Tres tristes tigres para el estudio de la poética de Guillermo Cabrera Infante. Barcelona, Esp. : Universitat Pompeu Fabra Press, p. 219-220.

(6) Levine, S. J. (1975). Writing as Translation: Three Trapped Tigers and a Cobra. MLN, 90(2) p. 265-277.

(7) Benjamin, W. (1968). Selected Writings: Vol. 1. 1913-1926. Cambridge, Mass. : Harvard College.

(8) Levine, op. cit.

(9) Baixeras Borrell, op. cit., p. 220.

(10) Benjamin, op. cit.

(11) Berman, A. (1984). L’épreuve de l’étranger : culture et traduction dans l’Allemagne romantique. Mayenne, France : Gallimard.

(12) Torre, E. (1994). Teoría de la traducción literaria. Madrid, Esp. : Síntesis.

(13) Cit. en Berman, op. cit.

(14) Eco, U. (2003). Dire quasi la stessa cosa: Esperienze di traduzione. Milan, It. : Bompiani.

(15) Berman, op. cit., p. 136-137.

(16) Ibid.

(17) Ibid., p. 232.

(18) Cit. en Wiesse Rebagliati, op. cit.

(19) Torre, op. cit., p. 7.

(20) Cit. en ibid., p. 69.

(21) Ibid.

(22) Ibid.

(23) Berman, op. cit.