El cinismo en la “literatura basura” de un escritor mexicano

Fadanelli publicó su última novela en el 2014. Se titula "El hombre nacido en Danzig" (foto: otromexico.com).

Un análisis sobre la perversión, la obscenidad y lo abyecto en la obra del mexicano Guillermo Fadanelli bajo la mirada insolente de los cínicos.

Por Paula Klein Jara

Los cínicos, esos filósofos también llamados perros, fueron figuras de resistencia en la Antigua Grecia que se distinguieron por criticar, parodiar e irrumpir con insolencia las normas sociales de entonces. Sin embargo, esta escuela filosófica ha sido poco frecuentada por la academia como sujeto e instrumento de análisis a consecuencia de su rebelde agrafismo, además de la mala reputación otorgada históricamente por instituciones morales y religiosas. Por ello, en este espacio me permito retomar esta atractiva corriente para iluminar con la lámpara de Diógenes la “literatura basura” del escritor mexicano Guillermo Fadanelli, conocido por novelas como Lodo (2002) y Educar a los topos (2006).

¿Por qué volver la mirada al pensamiento cínico para abordar el caso específico de la obra de Fadanelli? Porque sin duda ambos comparten estrategias retóricas y posiciones políticas. El cinismo tenía como objetivo exponer el fracaso de las normas sociales atenienses por medio de la transmutación de valores, es decir, demostrando por medio de una conducta, más cercana a las leyes naturales que a las sociales, que ninguna convención era sólida. De este modo, el cínico realizaba muchas veces una sátira obscena para mostrar la suciedad de la sociedad haciendo uso del cuerpo y la sexualidad.

La narrativa de Fadanelli no difiere mucho de lo anterior. Su obra, que comprende el cuento, la novela, el ensayo filosófico y columnas de crítica y opinión sobre el ámbito cultural mexicano, se caracterizan por un marcado hartazgo existencial generado por la certidumbre de un mundo construido sobre discursos que se han tornado universales y que han tecnificado el pensamiento del ser humano en el contexto neoliberal.

Si bien resulta inexistente la categoría del realismo sucio mexicano, en la cual Palaversich (2005) lo ubica, es verdad que pueden rastrearse influencias del realismo sucio norteamericano en el autor, sobre todo en sus primeros textos. Fadanelli, por ejemplo, recurre a técnicas deliberadas para incomodar al lector a través de la auto-permisión que se dan sus personajes para ejecutar actos físicos relacionados con la sexualidad, la escatología, la agresión corporal y la muerte. Actos justificados en la hipocresía que sus protagonistas de clase media y baja perciben y reciben de su contexto, y contra la que reaccionan haciendo uso de lo único que poseen: el cuerpo. Estos elementos, según Dobozy (2000), forman parte de las características principales del realismo sucio norteamericano, el cual puede pensarse en términos cínicos.

Para profundizar en este ejercicio me concentraré en un par de cuentos de El día que la vea la voy a matar (1992), un conjunto de treinta y dos relatos cortos que Fadanelli denominó “literatura basura” para aislarse de la “alta cultura”, poniendo en práctica una escritura intrascendente y libre de la solemnidad religiosa que para él suponían las letras mexicanas. Parodiando los emblemas de la época, como lo son la mercantilización de la moral, la cosificación de la persona y la miseria intelectual, Fadanelli arroja desechos literarios llenos de impropiedades que la crítica no ha considerado como parte de la producción nacional. Sin embargo, fueron bien recibidos en el ambiente underground, donde artistas y lectores encontraron en Fadanelli una voz destructiva que se hacía necesaria en el universo de la narrativa mexicana, en la que prevalecían los formalismos impenetrables.

El día que la vea (…) se concibe como una producción cínica al utilizar un lenguaje abyecto, al burlarse descaradamente de las fórmulas melodramáticas prevalecientes hasta el momento en la narrativa mediática, y al retorcer discursos estratificados y convertidos en instituciones, normas, ideologías y verdades, tales como el concepto de “hombre común” y la moral sexual. Este último aspecto de la obra de Fadanelli es el que aquí me interesa subrayar, ya que la insolencia traducida a personajes hipersexuales, que actúan de manera provocativa, obscena y perversa, comparte en fondo y forma características con el cinismo.

El pensamiento cínico es en esencia material, corporal, activo, inmediato y audaz (cabe recordar que tiene como estandarte al pez masturbador y a Diógenes, quien practicaba onanismo en la plaza pública), por ello la sexualidad juega un papel preponderante como arma de ataque. Lo anterior se explica considerando que, según autores como Foucault (2009), Butler (2002) y Rubin (1989), la sexualidad humana es una categoría artificial construida a base de una acumulación de significaciones que se concentran en partes anatómicas, funciones biológicas y comportamientos, sensaciones y placeres condicionados. Estas significaciones se materializan y reproducen por medio de la enunciación reiterada de discursos que se tornan normativos, científicos y universales. Con la finalidad de restar valor a los prejuicios sexuales, los cínicos se mostraban como figuras impúdicas, desinhibidas y públicamente sexuales, ejercicio que asimismo realiza Fadanelli a través de sus personajes en algunos de los relatos de El día que la vea (…). A continuación, haré un esbozo sobre cómo el autor construye un relato para destruir algunas normas sexuales:

Paso número uno: el asalto a la madre

Una de las constantes en la obra de Fadanelli es la desarticulación de la familia por medio del ataque y supresión de la figura materna para generar el espacio de libertad que le permite pervertir (en el sentido de invertir) las normas morales en materia de sexualidad. Ya Preciado (2002), Sloterdijk (2003) y Monsiváis (2010) afirman que la familia es la célula nuclear de producción y reproducción de prácticas sexuales conservadoras. En el cuento Las hijas de Pedro hay una ausencia materna que da pie a la realización de actos sexuales con menores, mientras que en Mi mamá me mima hay un ataque directo a la madre.

En este último relato, la agresión es realizada por Guillermo, el personaje protagónico, quien por medio de lo que Sloterdijk (2003) llama una pantomima grotesca propia del cínico, exhibe el falo de manera deliberada, insolente y provocativa a la madre de Mauricio, arquetipo femenino depositario y rescatador de una memoria colectiva que reproduce valores, normas y tradiciones.

En México, la figura materna es un estandarte nacional materializado en la imagen de la Virgen de Guadalupe, “la madre de los mexicanos”, la cual promulga castidad y es, para Bartra (2005), una extensión del mito edípico y la sacralidad materna. Según Monsiváis (1978), a partir del siglo veinte se le debe al melodrama la reafirmación y puesta en circulación de la imagen femenina convertida en institución nacional, cuyas características recaen en una madre abnegada, sufrida, intocable y asexual. En opinión de Bartra, esta figura ha impedido la construcción literaria de tropos femeninos más complejos en las narrativas nacionales.

Volviendo a Mi mamá me mima, las reacciones por parte de la madre de Mauricio ante el ataque sexual del protagonista son de una desaprobación y repulsión que queda explícita con la enunciación de las palabras asqueroso y degenerado. Por un lado, asqueroso pertenece al campo semántico de lo abyecto, lo repugnante y lo nauseabundo, mientras que degenerado sugiere una desviación mental y moral, sustentando ambas nociones el carácter normativo (lo que es normal y lo que no) respecto a la conducta corporal y sexual. Así, el escueto diálogo entre estos dos personajes basado en pantomimas y reacciones podría traducirse como un encuentro entre dos discursos: el de la tradición, las normas y el pudor versus un cinismo lúdico, sexual y agresivo que culmina con una acción blasfema cínica por excelencia presente en otras obras de Fadanelli: la micción sobre figuras que encarnan la sacralidad, en este caso, la madre.

Paso número dos: La confrontación entre pudor y obscenidad

El cinismo, según De Freitas (2012), es una apología de la desvergüenza; el cínico no siente pudor ya que considera que éste es la más íntima atadura social que une al hombre con los parámetros de comportamiento y es, según Sloterdijk (2003) y Scheler (2004), un sentimiento fabricado e introducido socialmente, pues es el único que parece faltarle al animal y sólo es posible ante los demás. Su función es orientar al hombre hacia los valores morales positivos promovidos por la sociedad. El pudor es entonces la negación a mostrar en público algo privado por temor a ser juzgado moralmente, por lo tanto se contrapone a la obscenidad, la cual se define como la exhibición de aquello que, en teoría, debería quedar oculto o fuera de escena (Mey 2007), por ejemplo, las prácticas sexuales.

Al considerarlo un constructo social impuesto, el cínico se enfrenta al pudor por medio de la obscenidad. En Fadanelli, el diálogo entre ambas fuerzas se da en dos niveles: a nivel de la recepción, es decir, entre el texto y el lector, y a nivel del relato por medio de la confrontación de personajes y acciones que representan ambas fuerzas. Fadanelli utiliza para ello lo que Batis (1983) llama estética de lo obsceno, consistente en privilegiar la obscenidad en el relato para desmontarla e invertir su carga valorativa.

Paso número tres: La perversión del tabú

La aparición de este cinismo sexual se da, afirma Onfray (2002), porque los tabúes no espantan al hombre. De este modo, el cinismo se convierte en el método más eficaz para desestabilizar los valores de la cultura y golpear la falsa moral, las prohibiciones y los valores supuestamente universales. Por ejemplo, el cuento Las hijas de Pedro se coloca en los límites de lo representable, desafiando algunos de los tabúes sociales más castigados: el incesto y la pederastia.

En este relato se desata un juego en el que el protagonista, un hombre adulto de quien no se menciona el nombre, consiente ser el padre de las hijas de su amigo Pedro, referidas como “las idiotas”, culminando en un encuentro sexual.

La aparición de las dos niñas, Andrea y Berenice (A y B), invitan a pensar no en un mero acto deliberado de transgresión de los tabúes sociales y sexuales sino en la representación de la figura infantil femenina como contraparte de la figura materna antes mencionada. Se trata de la propuesta de la concepción de otras formas, de otras normas y de otros valores; la perversión (es decir, inversión) al mirar la sexualidad con ojos inocentes, libres de los prejuicios impuestos por la cultura.

La (re)presentación de esta sexualidad infantil se da de una manera natural en el universo narrativo. Ya Klossowski (1998) afirmaba que socialmente el goce erótico se ha degradado al rango de “vicio”, pero los cínicos audaces, como Sade, han proclamado el derecho de propiedad sobre el goce desapareciendo la figura de Dios. Es esto lo que hace Fadanelli al desaparecer, en el relato, a Pedro, el único personaje que podría juzgar el acto sexual cometido con las menores.

De este modo, puede concluirse que en algunos de los textos hipersexuales de Guillermo Fadanelli se advierte un patrón en la construcción del relato que obedece a las mismas premisas enarboladas por la escuela de los cínicos. Haciendo uso de la obscenidad, la perversión y la abyección como herramientas retóricas para la construcción de un discurso filosófico y político, que bien puede situarse en la Antigua Grecia, en la literatura norteamericana de la posguerra, en el México neoliberal de finales del siglo veinte o en el posmodernismo latinoamericano, Fadanelli ha hecho brotar la sepsis de la sociedad a través de sus producciones culturales.

Paula Klein Jara (México, 1982). Licenciada en Lenguas Modernas con especialidad en Español y Maestra en Antropología por la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos mexicanos, así como en la publicación del libroCine y fin de mundo. Imaginarios distópicos sobre la catástrofe (2014). Actualmente se encuentra en la etapa final del doctorado en Estudios Hispánicos de la Universidad de Montreal, redactando su tesis sobre la performatividad subversiva de los cuerpos en diferentes producciones culturales mexicanas.

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Bibliografía consultada

Bartra, Roger. La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del mexicano. México: De Bolsillo, 2005.

Batis, Huberto. Estética de lo obsceno (y otras exploraciones pornotópicas). México: UAQ, 1983.

Butler, Judith. Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós, 2002.

De Freitas, Juan Horacio. “El cinismo: un elogio a la desvergüenza” en Bajo Palabra. Revista de Filosofía. II Época, Nº 7, (2012): 301-311.

Dobozy, Tamas. Towards a Definition of Dirty Realism. Tesis no publicada. University of British Columbia, 2000.

Fadanelli, Guillermo. El día que la vea la voy a matar. México: Ed. Grijalbo, 1992.

Foucault, Michel. Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber. México: Gandhi Ediciones, 2009.

Klossowski, Pierre. La moneda viviente. Córdoba: Alción Editora, 1998.

Mey, Kerstin. Art and Obscenity. London-New York: I.B. Tauris, 2007.

Monsiváis, Carlos. “Notas sobre cultura popular en México”. Latin American Perspectives. Vol. 5. No. 1. Culture in the Age of Mass Media (Winter 1978). Sage Publications, Inc.

———————–. Que se abra esa puerta. Crónicas y ensayos sobre la diversidad sexual. México: Editorial Paidós Mexicana, 2010.

Onfray, Michel. Cinismos: Retrato de los filósofos llamados perros. Buenos Aires: Ed. Paidós, 2002.

Palaversich, Diana. De Macondo a McOndo. Senderos de la posmodernidad latinoamericana. México: Plaza y Valdés, 2005.

Preciado, Beatriz. Manifiesto contra-sexual. Madrid: Editorial Ópera Prima, 2002.

Rubin, Gayle. “Reflexionando sobre el sexo: Notas para una teoría radical de la sexualidad” en Vance, Carole S. (Comp.) Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina. Madrid: Ed. Revolución, 1989. Pp. 113-190.

Scheler, Max. Sobre el pudor y el sentimiento de vergüenza. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2004.

Sloterdijk, Peter. Crítica de la razón cínica. Madrid: Ediciones Siruela, 2003.